Lo que pasa es que nunca lo aceptaron desde el principio fueron celos
bronca envidia incomprensión de que yo esté tan enamorada tan feliz de
haberlo encontrado así de golpe en mi vida cuando no lo esperaba y
ellas menos por eso tratan de disuadirme el amor a primera vista no
existe me dicen las muy arpías ya vas a ver cómo se te pasa pensalo
bien recapacitá volvé volvé me gritan por altavoces mientras yo lo
abrazo y me aprieto contra su espalda y estoy plena de él de su olor
de su cuerpo varonil de su voz ronca que desafía al mundo a los
truenos a las luces frenética me aferro a su campera de cuero en la
lluvia que nos bendice y pensar que se dicen mis amigas y no soportan
que yo ame a un hombre de verdad que yo elija esta aventura en vez del
tedio de la soledad o de un marido por eso quieren alejarme de él
llevarme de vuelta a una vida sin amor justo ahora que lo encontré el
mismo día en que él llegó y me vió y me eligió para él de entre todas
sí también de entre ellas y eso es lo que no toleran y porque es
conmigo y no con ellas por eso quieren disuadirme recordarme los
recortes de los diarios las fotografías de cuerpos mutilados los
identikits los relatos horrorizados de sobrevivientes fortuitos las
paredes picadas a escopetazos como si yo fuera boluda como si no lo
supiera como si me importara como si acaso alguna de ellas hubiera
hablado de otra cosa en las últimas dos semanas como si realmente
existiera algo más importante que él y lo que yo soy por su intermedio
como si el mundo hubiera existido antes de que él entrara así de golpe
en el salón del banco gritando y blandiendo su escopeta y nuestras
miradas se cruzaran y yo comprendiera que gritaba para mí que eran
míos los disparos que su arma eyaculaba mías las vidas que él segaba
que era él y sólo él lo que importaba más que el dinero más que la ley
más que la libertad y que la vida y que los muertos y que el mismo
amor y ellas lo saben y lo callan lo callan para decir lo otro para
compadecerme para acusarme desde su repugnante pose de señoras
decentes que las distrae de la vergüenza de saberse rechazadas de la
irreversible realidad de que aquí ahora para él para siempre la única
rehén soy yo soy yo yo yo y no voy a dejar que me lo quiten no voy a
soportar los celos de que se lo lleven para dárselo a la policía a los
jueces a la cárcel juntos tendrán que llevarnos juntos porque no nos
podrán separar tan fuerte lo abrazo que ya soy él ya somos uno cuando
le quito el cuchillo del cinturón y se lo clavo fuerte en el vientre y
tiro del mango desgarro piel músculos vísceras y él se disuelve se
derrama lentamente en mis manos caliente fluye blando líquido inerte
mío más mío que nunca más mío que nadie eternamente mío mío y de nadie
más.
Ella no merecía este tipo de desengaño. Al fin y al cabo, no era una atolondrada
de esas que se embarcan a lo loco en aventuras condenadas al fracaso. Nada de
eso, elegía cuidadosamente a los hombres con los que se metía, y sin embargo
ellos siempre se las arreglaban para decepcionarla.
A Marcos lo había conocido en un asado en casa de Pablo. Como referencia no era
gran cosa, porque todos los hombres de ese grupo habían terminado
desilusionándola de un modo u otro. Pero al menos hubo una presentación formal,
y aprovechó ese mismo día para hacer las primeras averiguaciones disfrazadas de
charla de sobremesa. Así se enteró de su carrera de ingeniero, de su trabajo en
una fábrica de automóviles, de su gusto por el cine, la música clásica, las
artes marciales, la astronomía y la comida china. Al mismo tiempo se complació
con sus buenos modales de mesa, detectó una leve tendencia a tartamudear que le
daba cierto aire de desprotección, y observó con agrado que comía con mesura,
que no abusaba de las proteínas, que no fumaba, que no le miraba el busto
mientras le hablaba, que llevaba las uñas cortas y limpias, que sus encías no
manchaban de sangre la manzana al morderla, que no usaba perfume y que las
raíces de su pelo eran del mismo color que las puntas.
Cuando era niño, en aquel tiempo incierto en que ya me sabía varón pero aún no
había inventado a la mujer, yo anhelaba crecer pronto, convertirme en un hombre
adulto. ¿Y cómo evitar ese ansia, teniendo en cuenta lo promisorio de mi destino
genético? Crecer varón me garantizaba que, finalmente, dejaría de ser un
animalito asustado para convertirme prácticamente en Superman. Formaría parte
del Sexo Fuerte, sería sólido e impasible como un peñasco en la tormenta, sería
el punto de referencia, el paradigma de la verdad y la justicia para quienes me
rodearan.
Usted seguramente conoce a varios hombres de esos que cotizan en el Mercado de
Solteros, Separados y Afines. Piense un momento en ellos, recuerde sus
actitudes, apariencias, vestimentas, peinados e ideologías de los últimos meses
(u horas, en casos particularmente graves), y comprobará que estos individuos
son un tanto… digamos… volátiles. Es como si el andar sueltos los
convirtiera en unos veletas que reíte del camaleón, bah. ¿Será cierto que el
varón necesita de la mujer para ser al menos someramente estable, como sentencia
mi abuela?
Por favor una docena de rosas rojas perfectas húmedas de rocío y de deseo cómo
no señor son veinte pesos quiere ponerles una tarjeta no gracias bueno aquí las
tiene y salgo de la florería rumbo a su casa grandes zancadas prestos los
conjuros para ahuyentar a los demonios que acechan por el camino
durante días avanzo a paso forzado por pantanos montañas ríos nidos de dragones
sembradíos en llamas las rosas en alto siempre rojas siempre húmedas iluminan el
camino penetran la niebla guían mis pasos hasta el umbral de su puerta llamo y
las rosas se incendian cuando ella sale toda jade sándalo nieve y caoba se las
doy enceguecido ella las toma y son un ramillete de serpientes envueltas en
celofán grita se desmaya grito también las atrapo y corro de regreso a la
florería dejándola inconsciente y esta vez el camino es en bajada limpio nevado
las víboras se congelan se hacen esquíes me las pongo me deslizo sobre ellas el
viento frío golpea mi cara llego hasta la puerta entro vociferando por qué me
vendió estas rosas que son serpientes y en mis manos de nuevo rosas rojas
perfectas húmedas es que son rosas que te quiero sólo para mí se venden mucho y
pensé que usted pero bueno si no es así se las cambio a ver cuáles le gustan
claveles que ya no te amo orquídeas que dame tu sexo tulipanes que no no no nada
de eso quiero simplemente rosas rojas luminosas húmedas rosas que sean rosas
sean rosas sean rosas y nada más como usted diga señor se las cambio y no se
preocupe que son más baratas le alcanza para muchas muchas más que una docena
deje que las envíe son tantas que usted solo no puede cargarlas salgo de nuevo y
mientras las rosas van hacia ella corro a su casa atravieso valles esquivo
bosques desafío tormentas subo montañas y detrás de la última descubro que su
casa ya no está desapareció bajo un mar de rosas rojas un mar interminable de
horizonte a horizonte de pétalos y espinas y tarjetas que te amo suben bajan
rompen en lentas olas que lamen la costa de piedra y ella estará todavía en su
casa inundada de flores corro por la playa meto los pies hasta las rodillas en
la marea cortante me lanzo de cabeza y nado con todas mis fuerzas hacia donde
debe estar su casa pero no llego primero mi ropa luego mi piel mi carne mis
huesos se desgarran se derraman se disuelven se confunden con espinas tallos
pétalos y comienzo a gotear lentamente hacia el fondo hacia donde su sangre me
espera sonrojada.