Naturaleza Injusta
Cuando era niño, en aquel tiempo incierto en que ya me sabía varón pero aún no había inventado a la mujer, yo anhelaba crecer pronto, convertirme en un hombre adulto. ¿Y cómo evitar ese ansia, teniendo en cuenta lo promisorio de mi destino genético? Crecer varón me garantizaba que, finalmente, dejaría de ser un animalito asustado para convertirme prácticamente en Superman. Formaría parte del Sexo Fuerte, sería sólido e impasible como un peñasco en la tormenta, sería el punto de referencia, el paradigma de la verdad y la justicia para quienes me rodearan.